Blogario

Entendemos la comunicación, como el encuentro en lo común

En el camino

 
 

No corras, que al único sitio al que tienes que llegar es a ti mismo.

                                                                     Juan Ramón Jimenez.

Son diferentes las razones que nos invitan a la “Búsqueda”, pero parece que el común denominador en todos los casos corresponde no solo a la idea de que algo puede ser alcanzado, experimentado, como “objeto” necesario para una vida plena y dichosa, sino que , además la carencia del “objeto” en cuestión resta valor, brillo, continuidad, al resto de nuestros logros. Establecer esta idea previa del objeto de la búsqueda tiene mucha importancia porque tanto, o casi más importante que salir de viaje es hacerlo teniendo a “donde ir”, el resto es vagar sin rumbo.

Se acercaba el invierno, era una fresca mañana de otoño y nada más salir de casa me encontré con un viejo conocido al que hacía mucho tiempo que no veía. Siempre sentí una buena empatía con esta persona y sentí...

como una pérdida que se descolgara del proyecto en el que estábamos juntos. Uno se acostumbra a los compañeros y parece que van a ser para siempre, casi como una reminiscencia infantil, la realidad muestra que estamos mientras estamos y que cuando ya no estamos, no estamos. Pero nada de esto resulta gratuito, las circunstancias que operan cuando nos juntamos difieren notablemente de cuando nos separamos, no sabía como iba  a ser en este caso.

Como no tenía prisa, le pregunté si tenía tiempo para tomar un café, me contestó que sí, su sonrisa al responder me hizo evocar otros tiempos pasados, recordé su entusiasmo y su alegría cuando colgados en un precario andamio arreglábamos la fachada de la Casa, su generosidad y desenfado siempre me habían sentado muy bien. Eran tiempos de cantos en los que compartíamos sueños, misión y profesión, además hacíamos gala de una socarronería que nos hacía sentirnos más auténticos que nadie, hacíamos chistes sobre todo y nos sentíamos capaces de todo, los planes compartidos y sobre todo si los planeantes están envueltos por una cierta inconsciencia, dan alas, proveen de un combustible de alto octanaje capaz de obrar milagros, que de otra manera no se pueden dar. Había algo propio de la magia en aquellos momentos, o por lo menos nos lo parecía, además pensábamos no sin cierta jactancia de la famosa “iniciación del andamio” y que nuestros preceptores veían con buenos ojos aquella mezcla de servicio, alegría arrojo, habilidad,……etcétera.

Pero como todo lo relacionado con la fantasía, el contraste en el tiempo y con el tiempo, tiñó de realidades no resueltas nuestras respectivas vidas, el amigo se fue, no sin una cierta dosis de frustración por aquello que esperaba y no ocurrió o que simplemente se desenvolvió  de otra manera. Largo e intrincado es el camino a la madurez y este no iba  a ser diferente.

Su apariencia era buena, quizá algún kilo y alguna arruga más, pero lo que me sorprendió fue su mirada, miraba con prudencia, como pidiendo permiso, cualquier gesto de arrogancia había desaparecido de su expresión, como si una trituradora humanizante hubiera reducido sus expectativas, como si su vida pendiera de un hilo frágil que había que reforzar cada día, en cada gesto.

Durante el tiempo del café hablamos como queriendo saberlo y decirlo todo, de trabajo, de pareja, de recuerdos relacionados con situaciones graciosas del pasado, de otros, de conclusiones agrias con actitudes que habíamos encontrado que no nos gustaron, en fin toda una hemeroteca existencial

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El había dejado la ciudad en la que vivía y se había trasladado a un pueblecito de “Tierra de Campos”, y allí se reponía del stress acumulado que le había llevado través del “sinvivir” a un ataque de angustia, en el que sintió que la vida se iba, que el corazón se le disparaba, la aprensión por sentir la muerte próxima hizo interminables los minutos que tardó en llegar la ambulancia. En Urgencias todo bien, los análisis de sangre bien, las constantes vitales bien, pero el miedo seguía planeando, la duda mordía, y si vuelve a ocurrir, y si……….

Ciertamente pocas cosas despejan tanto las dudas y las “mediastintas” como la proximidad de la muerte, propia o ajena, resulta algo básico, tremendamente simplificador, esencial, y nos pone en contacto con las cosas realmente importantes.

La enseñanza no existe
Creatividad ante la adversidad